sábado, 26 de febrero de 2011

El Poder de los Zetas



Un cabo llamado “Lazca”

La presencia de los zetas, ex militares en sus inicios al servicio del narco, es indiscutible en buena parte del territorio nacional, donde a base del terror cometen todo tipo de fechorías. Apenas el pasado Día de la Candelaría, feligreses festejaron en el moderno y funcional templo que Heriberto Lazacano, líder de los gatilleros, mandó construir en Pachucha, Hidalgo
 Santiago Rentería/Agencias
El 5 de junio de 1991, Heriberto Lazcano Lazcano, “El Lazca”, se alistó en las filas del Ejército con el afán de convertirse en una figura dentro de las filas castrenses. Su ambición de alcanzar una posición destacada en la milicia duró siete años. Como cientos de militares, que terminaron enganchados en el negocio de las drogas, el actual jefe máximo de Los Zetas decidió abrirse sitio en el mundo del narco. Ahora es uno de los capos más buscados dentro y fuera de México.

El 27 de marzo de 1998, según registros de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), Lazcano causó baja del Ejército cuando había alcanzado el rango de cabo de Infantería. Cañonazos de dólares y el poder ilimitado ofrecido por el narcotráfico lo sedujeron cuando tenía 24 años: poco después de su deserción se incorporó al Cártel del Golfo, organización criminal que entonces recobraba su poder con el liderazgo de una nueva figura: Osiel Cárdenas Guillén, “El Mata Amigos”.
Según declaraciones ministeriales de los testigos protegidos “Rufino” y “Geraldín”, Lazcano fue llevado al Cártel del Golfo por otro ex militar que llegó a ser tan poderoso como actualmente es “El Lazca”: Arturo Guzmán Decenas, “El Z-1”, a quien tanto la PGR como la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) Federal le atribuyen la fundación de Los Zetas, el llamado “Ejército del narco”.
Geraldín, cuyo nombre es Alejandro Lucio Morales Betancourt, fue parte de ese “ejército”, donde se le conocía como Z-2. El 17 de noviembre de 2001 fue capturado y poco después se acogió al programa de testigos protegidos. En la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIDCS/111/2003 declara que el objetivo que se persiguió con la creación de Los Zetas como brazo armado del cártel del Golfo fue eliminar a todos los enemigos de Cárdenas Guillén.
 El negro origen de los “Zetas”
La historia de Los Zetas confirma la versión de Geraldín, pues a finales de 1997 –cuando Cárdenas emergió de las filas de la extinta Policía Judicial Federal y se aprestó a tomar el control del Cártel del Golfo– apareció Guzmán Decenas, personaje que sería clave para los planes de expansión de la organización criminal al eliminar a los rivales de Osiel; entre otros, a su principal opositor: Salvador Gómez Herrera, “El Chava”.
Guzmán Decenas nació el 13 de enero de 1976 en el estado de Puebla y se formó en el Ejército, donde, bajo el rigor castrense, estudió la secundaria y la preparatoria. Después ingresó al Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE), cuerpo que se constituyó con vocación contrainsurgente y de combate al crimen organizado.
Antecesor de Heriberto Lazcano en la jefatura de Los Zetas, Guzmán Decenas fue uno de los tantos militares que a mediados de los noventa pasó a la Fiscalía Especializada en Atención de Delitos contra la Salud (FEADS) –desaparecida en 2003 debido a que estaba infiltrada por el narco– para reforzar la lucha antidrogas. Cuando fungía como mando policiaco en Miguel Alemán, Tamaulipas, fue “enganchado” por Cárdenas Guillén.
Guzmán Decenas terminó de conformar a Los Zetas, pero en noviembre de 2002 fue ejecutado en un restaurante de Matamoros, Tamaulipas. Durante su sepelio salieron a relucir las coronas. En una de ellas se leía, en letras grandes y doradas: “Te llevamos en el corazón. De tu familia: Los Zetas”. Después de la muerte de Guzmán, el liderazgo de Los Zetas fue asumido por Heriberto Lazcano, nacido en Apan, Hidalgo, en 1974. A sus 36 años, “El Lazca” o “El Verdugo” no sólo ha sabido mantenerse en el poder a sangre y fuego, sino que ha logrado expandir el radio de acción del grupo que encabeza, a grado tal que ya está afincado en 25 estados del país.


 De paramilitares a cártel
No es todo: de acuerdo con investigaciones ministeriales e informes de la Drug Enforcement Administration (DEA, la agencia antidrogas de Estados Unidos), Lazcano diversificó las actividades criminales de Los Zetas. Primero operaban como grupo paramilitar dedicado a la protección de Cárdenas Guillén. Tras la captura del capo en 2003 –un día después de la celebración del cumpleaños de su hija, Celia Marlén Cárdenas Salinas–, Los Zetas cobraron mayor auge en el tráfico de drogas y tiempo después se convirtieron en un cártel bien organizado.
Según el informe Radiografía de los cárteles mexicanos, elaborado por la SSP, Los Zetas están estructurados en pequeñas células llamadas “estacas”, cuentan con expertos en contabilidad y administración de empresas y tienen el control de las policías estatales y municipales en una veintena de estados. La SSP y la DEA coinciden en que Los Zetas ahora también venden protección, además de perpetrar secuestros, extorsiones y tráfico de personas, así como acciones de piratería y cobro de derechos de piso a comerciantes y a narcotraficantes que pretenden cruzar droga por los territorios que dominan.
A diferencia de Juan José Esparragoza Moreno, “El Azul” –negociador de pura cepa– Heriberto Lazcano es proclive a la violencia y a la traición, según se destaca en un breve perfil criminal elaborado por la PGR con base en testimonios de personas que lo conocen. El testigo Geraldín declara que el jefe de Los Zetas siempre ha separado sus relaciones personales de los negocios, en tanto que investigaciones de la PGR, así como fichas policiacas, afirman que recurre a métodos de tortura para doblegar a sus rivales, e incluso a los propios zetas que violan la disciplina interna.
Una de esas fichas dice que a quienes lo desobedecen o engañan, los ejecuta o los apanda. Si decide verlos morir poco a poco, ordena que les supriman la comida y el agua hasta que perecen de inanición o deshidratados. Una breve historia tomada de las declaraciones de otro testigo protegido, Karem, da cuenta del explosivo carácter de Lazcano cuando alguien no cumple su palabra. Narra que un día Alfredo Rangel Buendía, “El Chicles” –considerado en su momento uno de los hombres de mayor confianza del “Lazca”– le pidió dinero prestado: “Quiero comprar fayuca, ayúdame con un préstamo, te lo devuelvo en un mes”, le dijo. Pero no cumplió. Y esto fue lo que siguió, según Karem:
Lazcano nos ordenó a todos los (sicarios) del cártel del Golfo que matáramos al “Chicles”, por lo que Iván Velásquez Caballero (a quien llaman “El Talibán” y tiene la clave “L-50”) le dijo que se acercara a un punto de la colonia Madero, de Nuevo Laredo, por lo que cuando llega “El Chicles” lo enganchamos, o sea, lo agarramos y lo íbamos a matar. Rangel Buendía no fue asesinado y Karem explica la razón: “‘El Talibán’ habló con Lazcano y le dijo que él le iba a recuperar el dinero y que nada más lo castigara. Enseguida recibimos la orden de que lo mantuviéramos amarrado un mes. Nos autorizó (Lazcano) a que le diéramos agua y de comer una vez al día, para que no estuviera yendo seguido al baño”.
A Osiel Cárdenas le simpatizó el comportamiento sanguinario del “Lazca”, relata el exsubteniente Alejandro Lucio Morales Betancourt, quien actualmente es el testigo protegido Geraldín, en la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIDCS/111/2003. Recuerda que en 1999, cuando Lazcano se acababa de incorporar al Cártel del Golfo, Cárdenas citó a Guzmán Decenas en una casa de seguridad de Reynosa, Tamaulipas, y le pidió juntar a veinte pistoleros para asesinar a Rolando López Salinas, “El Roly”, quien era amigo de Osiel.

“Los policías pertenecen al cártel”
Así sucede este asesinato, según Geraldin: Llegaron a una casa (situada) en Miguel Alemán, que está sobre la calle Décima. Solamente entraron al inmueble Arturo Guzmán y Lazcano, realizando disparos, pero fueron recibidos a balazos por la gente que se encontraba en ese lugar. Lazcano disparó a un tanque de gas provocando su explosión y ante ello salimos corriendo de dicho lugar, en esa ocasión hubo muertos en esa casa, pero la Policía Ministerial se encargó de ocultarlos y de que no se supiera nada.
Otra historia que delinea el lado sanguinario de Heriberto Lazcano, también contenida en la indagación, ocurrió en marzo de 2002, cuando Guzmán y “El Lazca” torturaron y acribillaron a cuatro agentes de la Policía Ministerial de Nuevo Laredo que desobedecieron órdenes suyas, pues, según Rufino, “las policías pertenecen al Cártel del Golfo, son empleados del narcotráfico, ellos obedecen y quien no hacía caso, pues simplemente le partían su madre o reventaban (ejecutaban) a la familia completa”.
Añade el testigo: En esa ocasión, esos agentes siguieron los vehículos de Arturo Guzmán y de Lazcano. Al ver que los seguían, se pararon y detuvieron a los policías. Lo peor es que los torturaron y a punta de madrazos los hicieron confesar que trabajaban para un grupo rival, el que encabezaba Dionisio Román García, “El Chacho”, operador de Joaquín “El Chapo” Guzmán. Luego los mataron y los quemaron en llantas. No quedaron ni los huesitos. A otros policías traidores también los incineraron en unos tambos de 200 litros de gasolina; se consumieron toditos. Luego mataron a “El Chacho”, a quien ejecutaron el 13 de mayo de 2002.
Con sus métodos despiadados y su capacidad de fuego, Heriberto Lazcano convirtió a Los Zetas en el grupo paramilitar del narcotráfico más poderoso en América Latina, con ramificaciones en Estados Unidos y Europa. Lazcano se mantiene con la disciplina castrense como la más férrea, la que rige el comportamiento, el entrenamiento y las operaciones del grupo.
Si bien es cierto que Los Zetas han tenido bajas importantes, Lazcano nunca ha dejado de reclutar a jóvenes soldados para el grupo criminal, según narra el testigo David en la indagatoria PGR/SIEDO/UEIDCS/125/2007: Hasta el 24 de junio de 2007, Ezequiel Cárdenas Guillén, “El Tony Tormenta”, hermano de Osiel Cárdenas, y Heriberto Lazcano viajaron al sureste del país para reclutar a más militares. Tormenta y Lazcano se habían vuelto a juntar y estaban reclutando a muchos soldados de diferentes lugares, reagrupándose en Coatzacoalcos, Boca del Río y Cardel, Veracruz, así como en Campeche, para luego entrar a la Ciudad de México.

Pachuca, su paraíso a cuadras del cuartel militar
En 2007 comenzaron las rencillas entre el grupo del Golfo y Los Zetas. La causa de esas fisuras fue que Eduardo Costilla, “El Coss”, líder de la organización, y todo el corporativo criminal, comenzaron a negociar con el Cártel de Sinaloa el fin de su histórico enfrentamiento. En un campo deportivo de Matamoros, Lazcano reunió a todos Los Zetas para preguntarles si estaban de acuerdo o no en sumarse a la organización del “Chapo” Guzmán.
Ataviados con ropa deportiva, los cerca de 400 miembros de Los Zetas reunidos tomaban agua y escuchaban hablar a su jefe, quien pidió que levantaran la mano quienes estuvieran de acuerdo en aliarse con los de Sinaloa. La mayoría rechazó la alianza. Y entonces decidieron romper relaciones con el Cártel del Golfo, lo que derivó en enfrentamientos y asesinatos.
Lazcano y sus hombres no se cruzaron de brazos y vieron la oportunidad de asociarse. Entraron así al mundo de las alianzas y de las estrategias empresariales: trabaron relaciones con los Beltrán Leyva y con los cárteles de Tijuana y de Juárez, a raíz de lo cual se convirtieron en el llamado “cártel de los exmilitares”. “El Lazca” dejó de ser el cabecilla de un grupo armado y ahora se erige como líder máximo del Cártel de Los Zetas. Como a todos los capos, a Lazcano también lo rodea el misterio. En varias ocasiones ha intentado ocultarse tras las cortinas de su falsa muerte. En 2007 se dijo que había sido asesinado durante una carrera de caballos celebrada en Villarín, Veracruz. El rumor corrió varios días hasta que, finalmente, las autoridades federales aclararon que quien había sido ejecutado era un personaje identificado como Roberto Carlos Carmona Gasperín. En otra ocasión, luego de un enfrentamiento entre soldados y zetas en Tampico, la abogada Silvia Raquenel Villanueva dijo que tenía conocimiento de que en ese tiroteo había sido asesinado Heriberto Lazcano. Ninguna autoridad confirmó el dato.
Lo cierto es que, de acuerdo con Rufino, Heriberto Lazcano vive junto con su familia en Pachuca, Hidalgo, donde presuntamente el Ejército lo protege. Así lo dice el testigo: En el año 2001 Osiel Cárdenas Guillén le ordenó a Heriberto Lazcano, alias “El Laz”, “Lazcano” o “El Pornográfico”, tomar la plaza de Pachuca, Hidalgo. Heriberto Lazcano es originario del estado de Hidalgo; él, junto con su familia, tiene su domicilio cerca del Campo Militar de la ciudad de Pachuca, Hidalgo, y en esa ciudad que he referido reclutaron a la mayoría de todos los integrantes del grupo de Los Zetas.