jueves, 9 de diciembre de 2010

Los dominios de El Cochiloco




Matan a ex gobernador

La ejecución del ex gobernador de Colima Silverio Cavazos no ocurriría sin el contexto de descomposición que se inició con la llegada de los capos sinaloenses, que huían de la Operación Cóndor; con el crimen quedan expuestas las relaciones de narcos con políticos.

Raymundo Rivapalacio/Ejecentral

Lo más sorprendente del asesinato del ex gobernador de Colima Silverio Cavazos, es que un crimen de esa magnitud no se hubiera dado antes. No quita lo dramático y grave del suceso ni mucho menos, pero subraya que la descomposición en ese estado, uno de los primeros en ser infectado por los grandes cárteles de las drogas, tardó más de 20 años en ir de los síntomas de deterioro a una fase de putrefacción, donde colectivamente la clase política cerró los ojos y se calló la boca ante lo evidente.
Las autoridades colimenses se apresuraron a negar que el asesinato estuviera relacionado con el narcotráfico, pero el crimen organizado tiene permeada la vida política en el estado. Durante más de dos décadas Colima, fue el santuario para narcotraficantes que huyeron de Sinaloa durante la Operación Cóndor a mediados de los 70s, rumbo a Guadalajara. El más prominente fue Manuel Salcido Uzueta, el lugarteniente del último barón de las drogas, Miguel Ángel Félix Gallardo, a quien apodaban “El Cochiloco”.

“El Cochiloco” y la política

Salcido Uzueta llegó a Colima a fines de los 70s, principios de los 80s y comenzó a hacer una vida social bajo el nombre de “Pedro Orozco García”, relacionándose con la clase política, a la cual festejaba regularmente en su Rancho Jayamita, donde uno de los habituales era el entonces gobernador Elías Zamora Verduzco, quien llegó a decir que el capo que era “un benefactor del pueblo de Colima”.
Para cuando asesinaron en Guadalajara a “El Cochiloco” en 1991, Colima ya se había convertido en un importante corredor de drogas que entraban por el puerto de Manzanillo. La importación de precursores para las drogas sintéticas convirtieron a mediados de esa década a los hermanos Amezcua Contreras en “los reyes de las metanfetaminas”, perseguidos rabiosamente por la DEA porque saturaron con sus pastillas todo el cinturón agrícola y ganadero del centro de Estados Unidos.

Con los hermanos Amezcua Contreras, sentenciados en 2005 después de una productiva carrera en el narcotráfico, iniciaron las vinculaciones directas con las familias de los políticos locales, que es el precedente para que cuando Cavazos llegó a la gubernatura por el infortunio de Gustavo Vázquez, el gobernador que murió en un accidente de aviación, lo atacaran por sus lazos con el crimen organizado.
Los más furibundos fueron desde el interior de su partido el PRI, lanzados  por el ex gobernador Fernando Moreno Peña, quien acusó también a su sucesor Mario Anguiano durante el proceso de sucesión. La líder del PRI Beatriz Paredes dijo en ese entonces que el partido nunca nominaría un candidato bajo sospecha de narcotráfico, pero Cavazos respondió que sólo con Anguiano ganarían la elección. Paredes retrocedió, Anguiano ganó y el asesinato de Cavazos es consecuencia directa o indirecta de esa retirada política.

Las narco relaciones del ex Gobernador

Las denuncias tenían bases. Rafael Cavazos, hermano del ex gobernador, fue detenido en 2003 cuando la PGR desintegró un centro de distribución de drogas en Tecomán, el municipio donde crecieron y que formaba parte del corredor de drogas que pasaba por Colima –a 40 kilómetros- y entraba a Michoacán por la mesera Purépecha. Otro hermano, Francisco, fue arrestado en 2004 en otro operativo contra las drogas.
El gobernador Cavazos se empecinó en dejar como sucesor a Mario Anguiano, cuya familia también está metida en narcotráfico. Su hermano Humberto pasó siete años en la cárcel por vender metanfetaminas, y su primo Rafael Anguiano Chávez fue detenido en Los Ángeles en 1997, donde encabezaba un cártel que distribuía metanfetaminas y cocaína de costa a costa, vinculado a los Amezcua Contreras.

Los hermanos Amezcua Contreras fueron los pioneros en la distribución y comercialización de las metanfetaminas, que actualmente es la droga de mayor crecimiento en Estados Unidos, y cuando Los Zetas empezaron su incursión en la costa del Pacífico, se sumaron a La Federación, creada en 2002 bajo los auspicios del Cártel de Sinaloa, para defender las plazas desde Nayarit hasta Guerrero, con la excepción de Michoacán. Al desmantelamiento del cártel de los Amezcua Contreras, el de Sinaloa, hoy llamado del Pacífico, se quedó con ese negocio, y responsabilizó de ello a Joaquín El Chapo Guzmán, el más notorio lugarteniente de Félix Gallardo que se encuentra libre, quien se tomó el control del puerto de Manzanillo, en Colima.

Manzanillo el trofeo de los cárteles

Por ese puerto entraban los cargamentos de pseudoefedrina, precursor de la metanfetamina, provenientes de China, que contrabandeaba el chino-mexicano Zhenli Ye Gon, que tenían como destino los laboratorios que mantiene Guzmán en la zona industrial de Guadalajara, donde lo procesan y convierten en pastillas. En la aduana de Manzanillo el Cártel de Sinaloa tenía en su nómina a funcionarios federales, que permitían que pasaran los cargamentos. El contexto de cómo el narcotráfico se desenvolvió a Colima a la vista de todos pero al mismo tiempo, sin ser atajado por nadie, no resuelve quiénes ordenaron el asesinato del ex gobernador Cavazos, pero explica la génesis de la gangrena que contamina al estado. 

Guzmán ha consolidado su poder en los puertos mexicanos, al tiempo que la Marina le ha ido cortando sus brazos en los mandos operativos, como el arresto de Jorge Castañeda Uscanga, capitán del puerto de Manzanillo, hace siete meses, después de un largo periodo al frente de su administración. El asesinato de Cavazos se inscribe en la lógica que prevalece cuando se ordena un asesinato de tal magnitud: sólo se lleva a cabo si se confía plenamente en que se  saldrá impune, sin rastros que permitan llegar a quien lo encargó. Crímenes sin castigo son los que desbordan el vaso cuando el tejido sociopolítico se ha desgastado por la impunidad y laxitud frente a la delincuencia. Colima lleva décadas de ello, y el haber estado siempre controlado por la misma mafia y no haber sido una plaza en disputa, evitó los niveles de violencia que se perciben en otras zonas del país.

Pero no fue una penetración como la de la humedad. Fue abierta, donde se mezcló la delincuencia con la política ante los ojos de las instituciones y la sociedad que no hicieron nada por evitarlo. Los narcotraficantes aparecían retratados con políticos y la burguesía local en las páginas de sociales de los periódicos colimenses, que incluía las familias de los ex presidentes Miguel de la Madrid y Ernesto Zedillo, sin que los frenaran. En el asesinato de Cavazos hay varias responsables, intelectuales, materiales y a quienes se les olvido que el contexto sí mata.

 MANUEL SALCIDO UZETA

Al Cochiloco lo mataron los colombianos, cuenta Dámaso N.

El Cochiloco era necrófilo: le encantaba matar. Era muy maldito, pero también blanco, elegante y rengo por un balazo que le pegaron en una pierna en su tierra, San Ignacio. Así lo recuerda Dámaso N. También le decían El gallo de San Juan, por la comunidad dónde nació, aunque su nombre oficial era Manuel Salcido Uzeta, a quien en el argot policiaco se le conoció como comandante Martínez. Dámaso, cercano colaborador de Rafael Caro Quintero, Ernesto Fonseca, Miguel Ángel Félix Gallardo y el mismo Cochiloco, recuerda la forma de ser del sanguinario capo y gatillero. La muerte de El Cochiloco está relacionada con el homicidio de El chapo Caro, primo de Rafael Caro Quintero, y de Pedro Avilés, a quien Salcido le hizo una promesa que cumplió cabalmente. “La muerte de El chapo Caro fue a consecuencia de un hurto, fíjate. Sucede que en Colima, por ahí vivía El Cochiloco en aquel entonces, cayó un barco que creo que se llamaba Chingorazo, que traía ocho toneladas de coca”.

Cochiloco. Los colombianos no perdonan.

Entre Manuel Salcido, un hijo de don Lalo Fernández, y su socio y amigo, Chapo Caro, agregó, se robaron cuatro de las ocho toneladas de cocaína que transportaba aquel barco, cuyo destino era Baja California.“Ellos se robaron la droga y dejaron que el barco se llevara el resto a su destino, creo que Ensenada, Baja California, y a los tres les dieron piso por esto”.Dámaso N echa a andar la maquinaria de la memoria. Aceita los engranes, ajusta los tornillos, para que no se filtre la desmemoria y fluyan los recuerdos. “Tú has de saber que en Colombia se prepara a suicidas desde niños ¿sabes?, porque eso de el chapo Caro vino de Colombia. Y lo de El Cochiloco también”, insistió. El chapo Caro fue asesinado a tiros cuando transitaba en una camioneta por la calle Nicolás Bravo, en Culiacán, rumbo a Cañadas. Fue a principios de la década de los ochenta. La unidad en que iba la víctima quedó incendiada y destrozada a tiros.

– Se decía que le habían aventado granadas a la cabina de la camioneta.– Después de que lo carraquearon, lo incendiaron, le echaron bombas de lumbre (caseras) para borrarlo todo, pero fue consecuencia de ese barco Chingorazo que cayó en colima. Se manejó mucho esa versión y al Cochi lo anduvieron pastoreando como dos o tres años y lo chingó un motociclista de esos suicidas colombianos, en Guadalajara, junto con un teniente del ejército que andaba con él. Iban en carro, por la (Adolfo) López Mateos, por ahí antes de llegar a El Tucán, que era un restaurante y centro nocturno propiedad de Miguel Ángel Félix Gallardo. Un tipazo ese cabrón, dueño de una mente chingonométrica. Y sí, es cierto, el Cochiloco era muy maldito, pero también lo eran sus hermanos, más nuevos, y Gabino, les decían los cochitos. A Gabino lo mataron en Mazatlán los del Ejército y hasta lo caparon. Dámaso reconstruye la última vez que vio a Manuel Salcido, en un restaurante, en Guadalajara. Era el comandante Martínez, al frente de un operativo de revisión, rodeado de hombres armados y apoyado por efectivos de corporaciones policiacas y del Ejército Mexicano.

 – Y alguna vez lo viste matar. – Lo que te puedo decir es que él vengó a Pedro Avilés. Juró en su sepelio que lo iba a vengar. Y lo hizo. A Avilés lo mataron “por puras envidias”. Era un jefe, jefazo, volaba para serlo. Era valiente y le daba dinero al gobierno con tal de que no lo molestaran. “Una persona de apellido Alcalá era jefe de grupo de la policía federal y Pedrito le dio 20 mil pesos, porque él cooperaba mucho con el gobierno para que lo dejaran trabajar. Pedro era muy recio, capo grande, y ahí en la mafia también hay envidias”, recordó. Y fue el mismo Alcalá el que se encargó de asesinarlo. En Tepuche, cuando iba a Aguacalientita, lo detuvo la federal y fue en una zona conocida como la i griega, donde los abatieron a tiros junto con otras tres personas. “Eso fue lo que no le cayó al Cochiloco. Era una muerte tan gacha. Los habían matado como perros, después de desarmarlos”.

Por eso El Cochiloco, habiendo jurado vengar la muerte de Pedro Avilés, se trasladó a Michoacán acompañado por un grupo de hombres. Allá tumbó a El huarache, un acople, balcón de la policía federal. Y el siguiente fue Alcalá, porque él tuvo qué ver en la muerte de Avilés. El grupo de sicarios se trasladó a Colima, donde El Cochiloco tenía una casa de “mantenimiento”, y luego a Guadalajara, ya que ahí Alcalá tenía una fábrica de bloques. Justo cuando intentaba abrir su carro, un Lebarón llegó hasta el jefe policiaco el Cochiloco y le disparó con un fusil FAL. “Y ya que lo tumbó se bajó, se hincó y lloró. Levantó el rifle en señal de triunfo y gritó ‘¡este es el otro que te prometí Pedrito!, ¡Ya cumplí!, ¡Ya no tengo compromisos, no me vayas a mandar un duende desde allá donde andas!’”.

El Cochiloco, Manuel Salcido, comandante Martínez. El mismo, todos y nadie. Se le atribuyeron más de 75 muertes. Le gustaban los palenques y lo mismo se le señalaba como bandido generoso que como matón sanguinario y extremadamente violento. Hay quien dice que como Pedro Infante y Amado Carrillo, él está vivo y les sigue llevando la tambora a los de San Juan, su tierra. Si en vida se contaba que tenía una persona que se parecía mucho a él y que la hacía de su doble, ahora se cuenta que no ha muerto. Que no murió ni con los más de cincuenta balazos que dicen que recibió, aquel 9 de octubre de 1991.